La Radiestesia en la Búsqueda del Agua. Fenómenos Físicos y Fisiológicos Conexos.
Pedro J. Schang - 1967

(Conferencia pronunciada en la Biblioteca de la Academia Nacional de Medicina el día 12 de septiembre de 1967)

El problema que ahondamos no es nuevo y no ha dejado de ser motivo de contradicciones durante siglos. Dicen varios autores que para esa confusión han contribuido en gran parte los propios radiestesistas, adjudicándose poderes especiales y dando en muchos casos explicaciones inaceptables y mezclando a hechos reales, supercherías, o combinándolos con ciencias ocultas. De ahí la definición que dan algunos diccionarios sobre la rabdomancia y los rabdomantes, diciendo de la primera que es el arte de buscar agua o minerales con varitas y adivinación.

En 1918, en una reunión internacional de rabdomantes realizada en París -se efectúan periódicamente- la Academia de Ciencias de aquel país envió, por primera vez, cinco representantes a esa reunión, dando así un paso que confirmó el carácter científico que algunos especialistas asignaban al fenómeno real, aunque oscuro en su explicación.

En ese congreso se resolvió cambiar el nombre de rabdomancia por el de Radiestesia y a sus realizadores el de rabdomantes por radiestesistas. El primero tenía esa herencia de cosa misteriosa con reminiscencias de magia, mientras el segundo le daba un barniz de ciencia nueva. Hace esto recordar el cambio de nombre que, al término de su relato, acuerda Hernández a su Martín Fierro e hijos quienes cambian de nombre:

Pero es la verdad desnuda
Siempre suele suceder
Aquel que su nombre muda
Tiene culpas que esconder.

En la obra de Y. Rocard, Le Signal Du Sourcier (1964) adquirido recientemente en París, al hacer la historia del tema dice, como lo hizo entre nosotros el Ing. Hermitte, que Moisés fue el primer rabdomante, al hallar con su varita el agua en el desierto. Un erudito monje benedictino nos dijo que no hay razones para oponerse a esta explicación. Rocard, menciona cómo el emperador YU, agricultor y minero, 2000 años antes de Cristo, practicaba el uso de la horqueta, según grabados sobre madera.

Siguen algunos relatos de siglos y milenios y citas del siglo XIII y siguientes. En 1420, Lutero prohibió estas prácticas a sus adeptos. Son métodos llegados hasta nuestros días con pocas modificaciones esenciales y rodeados de no poco misterio para la mayoría, aunque unos pocos se empeñan en demostrar su realidad como hecho y en tal condición un fenómeno científico.

Antecedentes en el país

Además del conocimiento del uso de estos métodos en la busca de agua potable, trasmitido verbalmente o por comentarios escritos y dibujos, a menudo jocosos, sobre el tema, conocemos dos publicaciones: del Ing Hermitte y del Dr Marcelo Conti.

El primero, geólogo, geofísico y profesor Universitario, fue consultado por el Ministerio de Agricultura de la Nación sobre la conveniencia de contratar a un rabdomante. Se expidió negativamente en un extenso informe, donde expone los métodos de su ciencia utilizados para determinar los sitios donde debe buscarse el agua, por considerar sin fundamento científico aquellas técnicas de rabdomancia.

Impulsado al estudio del tema, por el Embajador Argentino en Washington -más tarde Ministro de Agricultura de la Nación- Dr Tomás Le Breton, el Dr. Marcelo Conti, Profesor de Hidráulica Agrícola de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires, en una conferencia dada en 1934 en la Jornadas Agronómicas del Centro Argentino de Ingenieros Agrónomos, documenta con gran aporte bibliográfico, el tema “Radiestesia, Radietelurismo o Rabdomancia” y comunica que la nueva era científica de esta técnica muy antigua, inicia en 1918 cuando la Academia de Ciencias de París envía al congreso, cinco de sus miembros.

Agrega que a partir de 1920 los centros de Radiestesia existentes en Francia, Alemania, Italia y otros países realizan concursos periódicos en los que intervienen Físicos, Fisiólogos, Veterinarios, Agrónomos, Médicos, Sacerdotes, etc.
La detección de ondas eléctricas, magnéticas, sonoras, etc., en su relación con la percepción humana y en comparación con aparatos detectores más o menos adaptados, dan forma a estas conferencias.

Si se plantea el hecho ante hombres de ciencia ajenos al problema, aparecen sonrisas que van desde la negación burlona a la sonrisa escéptica con todas sus gamas. Pero no manifiestan su deseo de conocer algo más o de ahondar su saber al respecto. Suponemos que buena parte de los presentes están en esta última posición mental.

Al realizar cualquier prueba, surge como pregunta: ¿Pero qué explicación tiene esto? Por años hemos debido contestar: ninguna definitiva, pero ¿qué respuesta podían dar a los asistentes quienes fueron descubriendo las fuerzas eléctricas y magnéticas, durante siglos?

Eran al parecer juegos de salón: dos bolitas cargadas con igual signo se repelían... recordamos aquí la cita que en su conferencia sobre Médicos Célebres en problemas ajenos a la medicina nos diera aquí el Maestro Castex, y se refirió al Médico inglés W. Gilbert, quien por 1540 a 1603, trabajando con material imantado y frotando ámbar, diferenció por vez primera la fuerza eléctrica de la magnética ¿dio explicaciones fundamentales? Sin embargo gestábase ya la era moderna, con esas fuentes extraordinarias de energía.

En el caso de la búsqueda de agua por radiestesia pensamos dejar bien sentado, que se trata de hechos que se repiten y reproducen a voluntad y se pueden controlar recíprocamente entre varias personas.

Un punto intriga a quienes han visto o ensayado el uso de la horqueta -nos referimos sólo a ella, dejando los péndulos por no tener experiencia personal- el porqué hay personas sensibles e insensibles.

Varios autores sostienen que con un entrenamiento paciente hay 50 a 70% de aprendices que llegan a ser sensibles. Hablan de entrenamiento pensante unos, y de relajamiento muscular otros.

Creemos poder establecer una nueva hipótesis que irá surgiendo del relato de hechos y fenómenos comparados, físicos y fisiológicos ligados a los fenómenos respiratorios.

Para Y. Rocard, profesor de la Facultad de Ciencias de París y Director del Laboratorio de Física de la Escuela Normal Superior de París, de tan alta y tradicional reputación científica, los fenómenos se deben a fuerzas magnéticas y estudia el comportamiento del radiestesista frente a campos magnéticos artificiales. Mientras para el Ing. Darder Pericás, de Tarragona, profesor de Geofísica en la Facultad de Ingeniería, no detecta esas fuerzas del agua circulante ni por equipos eléctricos ni magnéticos y concluye: se trata de una fuerza evidente, cuya intensidad mide en dinamómetros, pero cuya naturaleza, no se conoce aún y ante la duda las denomina provisionalmente fuerzas rábdicas.

Del conjunto de hechos atribuidos a esta radiestesia nos referimos exclusivamente a su uso en la búsqueda de agua, con la horqueta. Único fenómeno que hemos practicado y estudiado.

Nuestro contacto con la radiestesia

Por abril de 1936, habíamos instalado, a dos kilómetros al norte del Hipódromo de San Isidro, en una granja de 8 hectáreas con instalaciones para criadero de aves, un pequeño laboratorio para investigar sobre fiebre aftosa.

Uno de nuestros hermanos, el Ingeniero Casimiro A. Schang había leído la obra sobre búsqueda de agua subterránea del profesor de la facultad de Ingeniería en la especialidad de Geofísica, Ing Darder Pericás. Este autor había negado durante años el valor científico de la rabdomancia. Cuenta como al término de una clase, se le presentó un Jesuita, alumno del curso y le aseguró que podía demostrarle el hecho. Lo verificó, supo de su sensibilidad y años después, con un amplio acopio de experiencias realizadas y controladas con los alumnos, escribía su obra.

Efectuó estudios con distintos tipos de horquetas de árboles, de metales y de pelos de ballena, llamados comúnmente dientes o barbas.

Comprobó las fuerzas del descenso de las horquetas midiéndolas con dinamómetros muy sensibles y analizó pruebas de medición con aparatos varios para energía eléctrica, magnética, etc.

Sus conclusiones fueron: que a pesar de ciertas similitudes son distintas de la que denominó fuerza rábdica.
Concurría el Ingeniero Casimiro Schang a nuestra chacrita para comprobar con péndulos, varitas y horquetas su sensibilidad para captar vertientes subterráneas o la ubicación de cañerías. En efecto, dando vueltas alrededor de una canilla de parque, no se detecta nada si está cerrada, pero al dejar correr el agua se capta la dirección de la cañería subterránea y yendo y viniendo en zigzag se marca su recorrido.

Un día tomamos una horqueta, resultamos sensibles y marcamos cañerías y corrientes.
Ese mismo año habíamos subdividido en la familia un campo y las fracciones “La Querencia” y “Pago Chico”, tenían gran problema por falta de agua. Se trata de campos de lomas altas en el partido de Lobería, hacia las sierras de Balcarce a Tandil.

Marcamos con horquetas de sauce o mimbre, en dos lomas, los sitios a perforar; contratamos una máquina propiedad de tres hermanos Pellegrini, quienes se dedicaban a perforaciones para búsqueda de agua en Tandil. Los tres hermanos buscaban vertientes con horquillas de alambre porque habían aprendido el método de un viejo maestro francés jubilado.
En “La Querencia” apareció buena agua y abundante a 95 mts. de profundidad. El molino instalado entonces, treinta años después sigue dando abundante agua potable. Al perforar no se encontró piedra en ese espesor.

En cambio en “Pago Chico” a los 20 metros, más o menos, de profundidad se tropezó con una capa granítica muy dura, cuya perforación exigió muchos días de trabajo. Horadando ese banco de piedra de un espesor de 20 a 30 metros se halló agua no muy abundante a los 55 mts, y luego a los 70 metros una napa con presión que llevó el agua en el tubo a 28 metros del nivel del suelo.

Medido ese nivel en febrero de 1966 continuaba a los mismos 28 metros del nivel del suelo, semisurgente con 30 años de bombeo abundante y buena agua, para consumo de la casa y ganado y riego de la huerta.

Durante muchos años realizamos pequeñas demostraciones ocasionales en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires y con los estudiantes de Veterinaria del último curso, quienes visitan año tras año el campo y Laboratorio de Sancti Spiritu. Era clásico que al terminar un almuerzo campestre surgiera el tema y efectuábamos una demostración. Algunos de los presentes o varios, al resultar sensibles, adoptan ese hobby, de tal modo que frecuentemente hallamos algunos colegas en viajes y reuniones, quienes narran su afición a estas pruebas. Hay entre ellos algunos actualmente profesores universitarios.

En grandes regiones del país se perfora en cualquier parte y aparece agua potable. Lo interesante son esas búsquedas en llanuras donde las aguas son salobres, clasificadas por análisis químicos como no aptas para el consumo, y en las zonas montañosas, donde aún en las quebradas, perforando a ciegas no se logra siempre agua. Conocemos varios casos de hombres de ciencias en disciplinas varias, que han logrado agua abundante en sus casas serranas o sus campos de ciertas regiones difíciles, mediante la búsqueda por radiestesia, y ellos mismos aprendieron a buscar agua por ese medio. Citaremos sólo tres: un ex profesor de la Facultad de Medicina de Buenos Aires en “La Falda” (Sierras de Córdoba); a un Ingeniero, jefe de las instalaciones de grandes industrias y ex jefe de tránsito de ferrocarriles del Estado y a un Ingeniero Agrónomo experto en recuperación de tierras semiáridas.

Queremos mencionar tres hechos de estos últimos años. Los mencionamos con autorización de los citados.

El Ingeniero Pons Peña, Presidente del Centro Argentino de Ingenieros Agrónomos y Vicepresidente de la Sociedad Científica Argentina, nos invitó en 1965 para comprobar en su campo en General Madariaga, la localización de sitios a perforar que debía realizar un hermano del Colegio San José de Tandil, quien en ratos libres de sus tareas docentes, realiza esa búsqueda.

Nos contó que su técnica la había perfeccionado en un curso en la Ciudad de Tarragona (España).
Recorría el terreno con una horqueta de pelo de ballena y verificaba con péndulo provisto de brújula y otros aparatos de detección eléctrica. Con horquetas de sauce, mimbre y tala, cortados al pasar repetimos los controles y coincidimos en la marca de ocho vetas de agua que pudimos seguir sobre cientos de metros de longitud.

Otro caso especial fue la marcación de vetas en el campo del Dr. Miguel Ángel Cárcano en Ascochinga. Fuimos a visitarle y marcamos esas líneas en el ex campo de golf y las cañerías de agua corriente del parque, que visitábamos por primera vez. El dueño de casa y su esposa controlaban cada paso y nos fijaron al final una prueba. Un año antes, al pie de la montaña que se levanta a 50 metros detrás de la casa, había hecho eclosión una poderosa vertiente, produciendo la inundación de la casa por sorpresa.

Nos pidieron que tomáramos por un sendero, llevando la horqueta en ristre. Bajó con fuerza a pocos metros  fuera de la casa y allí, exactamente se había producido la erupción. Comentamos en el acto que, quizás, pudiera ser interesante horadar la montaña siguiendo esa veta perpendicular a la montaña y el Dr. Cárcano sonriendo nos aclaró: ahí está un secreto que no le habíamos contado; a buena altura de la sierra había una vertiente natural y al construir la casa se hizo allí una represa que provee de buen agua para la casa y el riego del jardín, sin molino ni bomba.

En 1966 marcamos en Tandil una veta de agua perpendicular a un arroyo en la propiedad de unas monjas a quienes les cedieron unas manzanas de tierra en una loma con piedras y tierra con gran declive, hasta el arroyo que corre 100 metros cuesta abajo.

Construyeron su casa trabajando como albañiles acarreando el agua para la construcción y el consumo, a baldes, desde el arroyo del bajo. Esa veta, nos informaron después, había sido ubicada ya por el Hno radiestesista del Colegio San José.
En enero de 1967, tuvimos el informe de la perforación en el sitio marcado, había dado agua buena abundante a sólo 17 metros de profundidad. Las quintitas de los alrededores pasan dificultades por la escasez de agua en sus pozos y bombas.

Relación del fenómeno de la horqueta con otros dos hechos de difícil explicación

    En 1940, más o menos, en una reunión de jurados de cerdos de exposición, realizada en Sancti Spiritu, el Ingeniero Héctor Peralta Ramos trajo un juego de salón, consistente en sentar en una silla o banqueta a una persona, tomándola entre cuatro que colocan solamente los dedos índices por debajo de las axilas y de las articulaciones de las rodillas. A una orden, los cinco inspiran profundamente mientras los cuatro levantan al sentado hasta donde llegan con sus brazos en alto.

Efectuamos varios controles: si el sentado no respira, parece de plomo y no se mueve; si al ser levantado interrumpe su respiración sea voluntariamente o porque se pone a reír, cae pesadamente sobre su asiento. Si alguno de los cuatro que levantan deja de inspirar, el sujeto a levantar no es levantado.

Un tercer fenómeno lo vimos realizar en Mendoza en abril de 1963. El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas realiza anualmente reuniones conjuntas de las comisiones asesoras y regionales de todo el país, para difundir la obra realizada y discutir planes y oír sugestiones.

El Ingeniero Agrónomo Máximo Bocket, decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de Cuyo, realizó durante un encuentro en la Facultad una demostración de un fenómeno curioso: tomando en posición vertical entre los dos índices, una horqueta de alambre elástico, puesta frente a una persona, oscila lateralmente; si esa persona se aleja la amplitud de la oscilación disminuye. Con la misma horqueta pedimos al Ingeniero Bocket, la tomara horizontalmente y marcó la misma veta de agua que habíamos detectado allí.

Esto nos hizo pensar que los tres fenómenos respondían a una misma fuerza.

Como en 1936 habíamos constatado que la horqueta es atraída solamente cuando el portador radiestesista respira normalmente, pensamos que el fenómeno del levante tenía relación con la radiestesia.

Energías o fuerzas desarrolladas por la inspiración y la espiración

En el verano de 1966 mientras reposábamos en las Sierras de Córdoba, convaleciente de una operación de cataratas, escribíamos a grabador y pensábamos cosas varias... e imaginábamos un día la posible relación entre estos fenómenos. Se nos ocurrió controlarlos frente al acto respiratorio versus la horqueta, efectuando el paso perpendicular a las vetas conocidas de ese terreno -cañerías de jardín y dos vetas subterráneas- y con gran sorpresa observamos que sólo funcionaba la horqueta en la fase de inspiración. Nos pareció lógico que la fuerza de roce del aire que penetra se contrapusiera como fuerza a la del terreno, en su veta del subsuelo y de la cañería, en circunvalación. Pero quedó como misterioso el hecho de que en la fase de expiración no hubiese fuerza detectable. Este hecho nos hizo pensar largamente en la diferencia entre las dos fases: en la primera, a la entrada de aire se opone el mucus, las células vibrátiles que retienen polvos y gérmenes, una dilatación bronquial con sus ramificaciones hasta los alvéolos y simultáneamente, acumulo rápido de sangre e intercambio de gases al nivel alveolar, ¿cuál de esas fuerzas es la que se contrapone a la fuerza de roce del agua en circulación? Sin contar la posible intervención de los movimientos musculares intercostales y diafragmáticos.
La espiración, con sus contracciones y reflujos de sangre, es evidentemente distinta, pero debía lógicamente desarrollar alguna energía de roce.

Un año más tarde encerrado nuevamente en la casa, por orden de los cirujanos, realizábamos el planteo y control comparado de estos fenómenos, para dar forma a esta conferencia y conversábamos con amigos de estos fenómenos. Un día al repetir el trabajo con la horqueta verticalmente colocada entre los dos índices, realizamos el mismo control del año anterior y hallamos la relación buscada; la oscilación frente a las personas se produce en vaivén porque oscila entre las dos inspiraciones y espiraciones. Pero si se suspende la respiración, no funciona, y si se divide la espiración frente al receptor que respira normalmente hace oscilar la horqueta hacia afuera en neta repulsión.

Repitiendo ese control en las cuatro formas posibles y previo entrenamiento de los dos actuantes se ve que espiración contra espiración produce repulsión de la horqueta; mientras que espiración contra inspiración, simultáneamente cumplidas se produce atracción.

Quedó así aclarado que la espiración produce también una fuerza que llamamos negativa contrapuesta a la de la inspiración.

Llevado el control a las corrientes de agua, el fenómeno se repite con toda precisión. Las corrientes producen esa misma fuerza negativa que es captada por el operador quien, al producir con la inspiración la fuerza positiva a través de la horqueta por cuya punta escapa, es atraída por la fuerza negativa del terreno con agua circulante.

La realización simultánea de estas pruebas con personas conocidas como sensibles a la horqueta, nos permite afirmar que este hecho es constante.

Dirección de la corriente de agua

    Mediante la marca de la corriente, ya sea de una cañería o del subsuelo, no habíamos logrado, hasta enero de 1967, determinar la dirección de circulación. En efecto, al atravesar perpendicularmente la línea de atracción, baja la horqueta tanto de ida como de vuelta, en repetidos movimientos en zigzag. Pero con la horqueta vertical sostenida entre los índices podemos detectar la corriente colocándonos paralelamente a la línea marcada con el anterior método. Pero puestos así, la horqueta es repelida  a cada espiración, siempre que nos coloquemos en dirección contraria a la corriente y este simple hecho nos permite determinar la dirección en que circula el agua.

Pero además, esta posición de la horqueta nos permite detectar corrientes de agua que suben, por ejemplo una cañería que lleva el agua al depósito o la de una ducha de baño. En este caso también, sólo es repelida la horqueta frente a la espiración si el agua circula. Cerrada la canilla no se detecta.

Intensidad de la corriente

Nos objetaba, hace dos años, un conocido ingeniero especializado en Geofísica, ¿cómo es posible que se perciba la corriente de agua en el subsuelo a 50 o más metros de profundidad, cuando la progresión del agua se opera lentamente por canalículos de un diámetro de 2 a 8 mm.? Esto nos movió a un control: frente a una canilla de un parque, repetimos la clásica experiencia de circundarla con la horqueta, y si es canilla terminal y está cerrada, nada se marca. Se larga el agua y de inmediato se detecta la dirección de la cañería. Regulada la canilla a 10, 30 o 50 gotas por minuto, según el diámetro de la cañería (1/3 a 1 pulgada) aún se percibe netamente. Cerrada bruscamente deja de detectarse. Reiniciado el goteo se marca en seguida. Esto demuestra la sensibilidad de la detección, puesto que esa circulación de gotas, para cañerías, significa un mínimo movimiento, prácticamente imperceptible. Esto con la horqueta horizontalmente sostenida que, movida por la fuerza positiva de la inspiración es atraída por la negativa de la corriente. Tomando la horqueta en posición vertical y en la fase de espiración enfrentada a una cañería vertical con canilla o ducha en lo alto, la horqueta es repelida (negativa frente a negativa); y con respecto a la sensibilidad del fenómeno, al repetirlo en igual forma que en la maniobra anterior, basta un régimen de 10 a 50 gotas por minuto para que, por repulsión, de las dos fuerzas negativas se pruebe también netamente, ese insignificante movimiento de agua.

Intensidad de esas fuerzas

Quien toma por primera vez una horqueta y logra detectar una corriente, se sorprende de la fuerza de esa atracción. Crece su intensidad con la mayor circulación y empuje del agua. Cruzando un puente sobre un canal de agua de circulación lenta, la fuerza percibida es mucho menor que si el caudal es rápido. Produce tal sensación de fuerza, que nuestro hijo menor, soñando con sus 19 años, decía que si se lograra captar, con algún aparato la fuerza total de una corriente de agua, se tendría para el futuro una gran fuente de energía transformable para todo uso casero e industrial.

Para quienes no perciben inicialmente esa fuerza hay un método probatorio muy eficaz: se les hace tomar una de las ramas de la horqueta y la persona sensible toma la otra; caminan cruzando una y diez veces la corriente y el aprendiz o el escéptico intentan detener el movimiento de atracción de la horqueta y no lo logran, quedando asombrados del esfuerzo vencido; y si logran observar que son sensibles por sí solos, la sorpresa es aún mayor.

Narraremos un episodio reciente; un Ingeniero Agrónomo, maduro en años, Profesor de la Facultad de Cuyo, observa a uno de nuestros hijos que efectúa una prueba. Aprende a tomar la horqueta, le vence la fuerza de contención y queda impresionado. No creía en esto, dice, hasta hace un minuto, ¡ahora creo! ¡Imita a Santo Tomás! Pero agrega que, a uno de sus discípulos predilectos, le ha incriminado muchas veces porque perdía tiempo en estas cosas. Y ese discípulo es el Ingeniero Bocket, Decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de Cuyo, el mismo que nos entretuviera algún rato y nos enseñara la prueba de la horqueta tomada verticalmente; lo hacía con la horqueta de alambre y lo hemos repetido mil veces con  horquetas de cualquier planta verde de ramas elásticas.

Otra anécdota que muestra la sorpresa de quien se descubre ser sensible: viajábamos en 1939 por el Alto Paraguay, en un barco con propulsión a ruedas laterales, discurría el capitán acerca de la falta de agua potable, en el Chaco Paraguayo y se burló del intento hecho por el Estado, de buscarla con rabdomantes. Hicimos una demostración en cubierta con una horqueta de alambres, marcando la línea de flotación en el barco en marcha, y ensayaron qué ocurría sobre la plataforma que cubría las ruedas propulsoras. Allí, la horqueta, sobre el agua violentamente agitada, era fuertemente atraída. La tomó el capitán, resultó muy sensible y exaltado gritaba: ¡Pero qué fluido tengo! y en el paroxismo de su entusiasmo, al marcar sobre la plataforma colocada sobre las ruedas, aseguró que dejaría el barco para ir a buscar agua al Chaco.

Fuerzas de roce

La fuerza producida por el agua, es evidentemente resultante del roce del agua contra el metal de la cañería o del terreno cuando se trata de las corrientes de circulación en el subsuelo. Rara vez esa agua del subsuelo circula en gran cantidad por quebraduras del terreno, y avanza por filtración más o menos grande a través de canalículos. Si el agua está estancada no es detectable; esto por ejemplo, si se cruza un puente de un lago con agua inmóvil, pero si el puente cruza un arroyo, un río o un pequeño hilo de agua de vertiente, la horqueta es atraída fuertemente. Si esa agua circula por tuberías de goma, de ciertos plásticos, de vidrio y aún de acero inoxidable (18/8, en prueba reciente) no se detecta. Y tampoco lo hace el operador, si está con calzado de goma o se ha colocado en el suelo, sobre la corriente, una plancha del mismo material, y aún es aislado por una lámina de plástico. Se confirma el hecho de la “fuerza de roce” como ya vimos desde la cubierta de un barco; en 1938, comprobamos desde la cubierta del “Conte Grande” a 11 ó 12 metros sobre el nivel del mar, cómo durante la marcha se marcaba perpendicularmente la línea de flotación; mientras cuando el barco se hallaba parado en el puerto, no se detectaba desde los mismos sitios. Esto lo repetimos desde barcos pequeños con igual resultado, pero fue negativo en lanchas de plástico aún a gran velocidad, como lo comprobamos en 1966 en un viaje por el río Paraná frente a la ciudad de Corrientes. Esa marca de la línea de flotación, ocurre como frente a la cañería de agua, o a la filtración subterránea durante el movimiento y contraponiéndose a la fase de inspiración respiratoria. Consideramos por lo tanto que se trata de fuerza producida por el roce, del mismo modo y forma, se generan las fuerzas positivas al inspirar y la negativa al espirar, que se repelen o atraen, en las pruebas con la horqueta verticalmente enfrentando de persona a persona; a las cuales podemos llamar detector y reactor. Sin respirar, la horqueta no oscila, respirando sí, con oscilaciones amplias provocadas por la inspiración y espiración sucesivas. Dividiendo separada o alternadamente entre la persona que lleva la horqueta (detector), y el de enfrente (reactor), las reacciones se producen del siguiente modo:

inspiración contra inspiración
la horqueta es repelida hacia fuera
espiración contra espiración

 

inspiración contra espiración
 la horqueta es atraída hacia el medio
espiración contra inspiración

Pero siempre como fuerzas movidas por el roce; ya sea del agua contra las cañerías del subsuelo o del aire contra bronquios y bronquiolos. En el caso de roce contra cañerías de plástico, vidrio, caucho o acero inoxidable (18/8), no sabemos si la corriente se produce o sólo es aislada por esos materiales interpuestos. El fenómeno de la detección por el organismo humano, de esa fuerza de roce en el caso de la búsqueda de agua, tiene a nuestro juicio una explicación lógica: la fuerza negativa producida en la cañería o por la vertiente, es transmitida al radiestesista, quien produce en la inspiración fuerza positiva, que escapa por la punta de la horqueta y es atraída hacia la fuerza negativa del subsuelo, cerrando así el circuito. Sostenemos que esa transmisión de fuerzas no es directa desde el suelo hasta los pulmones, porque un calzado de caucho o una plancha del mismo material y aún de plástico interpuesto, corta esa corriente. La fuerza de la respiración en sus dos fases enfrentadas, de persona a persona, tiene en cambio, evidentemente transmisión directa. En efecto, puesto el detector sobre una plancha aisladora la atracción y la repulsión se producen bien, lo cual demuestra que no cierra un circuito a través del terreno.

Detección desde un automóvil

Dijimos que el calzado de caucho aísla al detector de la corriente que busca, pero debemos aclarar que con distintos calzados, con suelas llamadas de goma pero que están constituidas con materiales que contienen hilos y telas, hemos hallado que no son aisladores.

Desde un automóvil en marcha se detectan perfectamente los ríos, arroyos y vertientes, cruzados oblicua o perpendicularmente. No sabemos si porque las gomas, por su composición con telas y alambre, no son aislantes, o porque la masa de aire en su fricción causada por la marcha hace de conductor de la fuerza.

Por esta razón hemos gestionado durante dos años, sin lograrlo aún, un viaje en helicóptero. Si se detectara desde el aire sería un método de exploración rápida, para zonas desérticas o de montes bajos. La idea, aunque puede parecer fantasía, la hemos hallado reflejada en un libro recientemente adquirido en París, donde aparece en un grabado un paracaidista marcando con horqueta y, según el autor, detecta sobre una ruta, el paso de los automóviles.

Irregularidades en la deteccion de corrientes

De vez en cuando, en la determinación con horqueta, aparecen algunas marcaciones irregulares. Describiremos algunas: en Moreno (F.C.N.D.F.S) al buscar el trazado de una cañería de agua nos desviamos, marcando por más de 100 metros, una línea oblicua a la de la cañería. Al repetirlo días después con igual resultado, cavamos a pala y tropezamos con un cable eléctrico armado, que iba exactamente en la dirección marcada. Llevaba muchos años de colocado y no teníamos plano, ninguno de los nuevos pobladores conocía ese recorrido.

Otra vez, en campo del Ingeniero Pous Peña, al marcar, el hermano ya citado, 8 vetas de agua, en distintos potreros, coincidimos en las 8 pruebas; mientras que en la novena, realizada a la puesta del sol, la marcamos en direcciones cruzadas perpendicularmente, y se dejó en firme el punto de cruce.

Darder Pericás, en su obra, dice que a veces, a ciertas horas y aún en días de fenómenos magnéticos intensos o de tormentas eléctricas, ocurren irregularidades en la detección rábdica.

Ciertamente que en una ciudad con cañerías de agua, gas, desagües, corrientes eléctricas del subsuelo y en el interior de las casas, sumadas a las vertientes subterráneas, esas irregularidades, cuando se producen, deben ser estudiadas considerando todos esos posibles factores perturbadores. Pero, no obstante, durante 30 años en nuestra casa de la ciudad y en las sierras de Córdoba y en el campo citado del sur de la provincia de Buenos Aires, en Lobería, en repetidos controles, seguimos siempre detectando las mismas vetas que no han modificado sus recorridos durante 20 y 30 años.

Naturaleza de esas fuerzas

No obstante los planteos de Rocard y Darder Pericás, quienes exponen teorías ajenas y propias, siguen sin aclarar la naturaleza exacta de esas fuerzas. Se impone, desde luego, una total revisión a la luz de la nueva relación de dichas fuerzas con las detectadas en la inspiración y espiración. Con un control realizado desde enero del corriente año con más de cien personas, hemos hallado que con la horqueta vertical y respirando normalmente logramos captar en todos, la producción de fuerza de inspiración y espiración. Pasando de manos la horqueta y en enfrentamientos sucesivos, con otras personas, no todas son detectoras, al primer ensayo, pero sí lo son en un porcentaje del 90% más o menos. En cambio para detectar con la horqueta horizontal, frente a corrientes de agua, en un control realizado desde 1936 hasta ahora, con varios miles de personas, se puede calcular en 10%, los que desde el primer ensayo detectan con más o menos sensibilidad.

Puede haber en este caso dos razones que lo expliquen: la primera, por la mala circulación respiratoria, como ya vimos, y la segunda, porque en la detección de las ondas del subsuelo transmitidas a través del cuerpo humano como conductor, tal vez existen distintos grados de conductibilidad. Esta hipótesis debe ser confirmada.

El hallazgo de la relación de la radiestesia -fenómeno y fuerzas físicas- detectadas por el organismo humano, solamente en función de la inspiración, que produce una fuerza positiva, y la espiración que da una fuerza negativa - fenómenos fisiológicos y físicos- lo consideramos totalmente original e inédito. Esto no quita que si apareciera en la enorme bibliografía de milenios, algún trabajo olvidado que hable de ello, sería sólo un redescubrimiento.

Entendemos que ello trae como consecuencia obligada, el estudio de estos fenómenos en equipo de fisiólogos, físicos de distintas ramas, geólogos, investigadores en fuerzas varias: ondas, radioactividad, radar, sonar, etc.

Hemos consultado con fisiólogos humanos y veterinarios sobre el estudio de esa fuerza bronquial y no hemos logrado saber si hay algún trabajo conocido. En Europa se han cumplido tareas de investigación registrando la fuerza neumónica del aire pulmonar y del rumen en su compleja función; y ligado esto con gráficos simultáneos con la fuerza medida del aire que entra y sale. Pero ninguno de los autores conocía trabajos sobre medición o estudio de la energía del roce. Estas pruebas y consultas fueron hechas en el XVIII Congreso Mundial Veterinario (París, julio 1967).

En el centro de radiestesistas de París (julio de 1967) tampoco pudieron informarnos sobre esta relación fisio-fisiológica que presentamos.

Conclusiones

Consideramos así que el fenómeno de la radiestesia tiene una explicación científica clara, de su mecanismo de funcionamiento.

La fuerza de roce generada al circular el agua por cañerías o por vetas del terreno, es captada por el hombre sensible y transmitida a los brazos que sostienen una horqueta, por donde se capta; y escapa por la punta la fuerza de signo contrario que se ha producido en la inspiración respiratoria.

Las fuerzas de signo contrario se atraen del mismo modo que la fuerza negativa del terreno en la espiración es repelida con horqueta verticalmente colocada.

Las dos fuerzas positivas y negativas se comprueban, enfrentándolas con la horqueta vertical en inspiración contra espiración en las cuatro formas posibles:

positiva frente a positiva
se repelen
negativa frente a negativa

 

positiva frente a negativa
se atraen
negativa frente a positiva

Invitación

Invitamos a los experimentadores de la física y la geofísica y la fisiología, en sus varias especialidades, para que constituyamos un equipo de investigación, para que juntos o separados investiguemos cuál es la naturaleza de esa fuerza. Las derivaciones son por ahora imprevisibles, aunque promisorias.

Apéndice

Al releer el capítulo de las anomalías en la marca de corrientes, debimos agregar el 1º del corriente mes, la que se nos produjo en el campo de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires, mientras efectuábamos unas pruebas con un grupo de profesores, docentes y alumnos. Alrededor de una cañería cerrada del campo, nada se detectó, largada el agua apareció neta una marca que seguimos por 60 metros y resultó trazada en ángulo agudo con la cañería cuya ubicación era conocida. Otra vez un caso similar al del cable eléctrico; pero resultó un fracaso como demostración.
Pensando en todas esas anomalías parecía claro que, en el caso del cable eléctrico, la corriente rábdica hubiese sido derivada de la cañería hacia el cable, y, si así era, debía ser por inducción, ya que la cañería no estaba electrificada.

Obtuvimos un cable de cobre y en la noche del 4 del corriente, en el patio de casa, conectamos ese cable a una canilla cerrada y nada detectamos; en cambio al abrirla la detección era fuerte, sobre todo el recorrido del cable extendido. Este fue el punto de partida de varias pruebas y contrapruebas realizadas durante estos días. Las sintetizamos porque constituyen una nueva línea de investigación amplísima, a desarrollar por físicos y fisiólogos. En conjunto podemos afirmar que esa fuerza pasa al conductor mejor, en tal forma que ya no es captada sobre la cañería sino sobre el cable conductor.

Al siguiente día (5 de septiembre), en el jardín, repetimos ese control con nuestros hijos Juan Carlos y José Eduardo y agregamos la prueba de detectar las mismas fuerzas, generadas por la inspiración y espiración, y efectuamos el hallazgo de que, también se repite con toda precisión y regularidad.

Tomando el cable por uno de los tres, alternadamente, los otros dos detectaban la inspiración contra espiración del portador de la horqueta, y recíprocamente. Del mismo modo tomado el cable por dos personas enfrentadas y cruzando en idas y venidas por el portador de la horqueta -de metal o de madera- ocurre lo que sigue: si los dos del cable no respiran, no hay atracción de la horqueta. Si uno inspira y el otro espira, tampoco y parece haber neutralización de fuerzas opuestas. Si los dos inspiran y el de la horqueta espira, la horqueta es inmediatamente atraída y si se invierte el orden, igual es fuertemente detectada la corriente.

De modo que se detectan por igual, la corriente de la cañería, captada por el cable y la de las dos fuerzas positiva y negativa del pulmón, en inspiraciones y espiraciones prolongadas.
Se bifurcan así dos campos experimentales: físico y fisiológico y se demuestra, una vez más, que son fuerzas del mismo orden.

Además nos permitió por vez primera detectar las dos fuerzas positiva y negativa con la horqueta horizontal. Por ahora sólo detectamos en el terreno la fuerza negativa, pero hace suponer que la positiva debe existir.
La captación por un cable que deriva la corriente, tanto humana como de la circulación de agua, permite prever que se ha de hallar, a corto plazo, algún aparato que lo mida ya sea obtenido mediante la prueba, con aparatos de medición ya existentes o a crear.

Y esto frente a fuerzas que fueron consideradas misteriosas y ahora pueden derivarse a conductores.

Pruebas de captación de aguas en movimiento

Junto con los Dres. R. Campion y Luis Schang, el día 9, ampliamos esas experiencias en el laboratorio y en potreros.
Conectado el cable de cobre a una cañería cerrada del parque, no hay detección: largada el agua, la corriente ya no se detecta sobre la cañería, sino exclusivamente sobre el cable, en toda su longitud -10 a 20 metros, en estas pruebas-. Desprendido el cable de su atadura y puesto al pie de la cañería en el agua que corre, se detecta sobre el cable, pero también sobre la cañería.

En un pequeño estanque con agua inmóvil la detección sobre el cable, introducido por un extremo en el agua y tendido sobre el césped, no fue lograda; pero agitando el agua, de inmediato, la corriente se produce. Repetimos el control en una pileta de natación con igual resultado. Se capta el movimiento de las olas que vuelve a cesar, al anularse el movimiento de agitación.

De inmediato nos plantearon el interrogante de: si no sería acción de electrólitos sobre el cobre. Ensayamos en seguida con agua común puesta en frascos y con agua destilada, bi y tridestilada, puestas en frascos pirex, neutros.
En los cuatro casos, con el agua quieta, introducido un extremo del cable dentro del agua y extendido sobre el piso, al cruzarlo con la horqueta, no se detecta fuerza alguna; pero agitando el frasco, de inmediato se detecta esa pequeña tormenta envasada, con fuerte atracción de la horqueta. Como los colaboradores de esta experiencia son avezados experimentadores, fuimos sometidos a recíprocos controles, con los ojos cerrados y, todas las pruebas demostraron que se marcaba el agua en agitación y nada más, aún con el agua bi y tridestilada.

Anteayer demostramos que una soga, era mala conductora, pero mojada se hizo de inmediato buena conductora. Del mismo modo resultó conductor un lazo trenzado de cuero.

La conexión de un cable de cobre ligado a la canilla, y unido por el otro extremo a una lámina de tejido metálico de fiambrera, de 0.50 por 0.80 cms, transformó toda su superficie en conductora, al abrirse la canilla.

La amplitud de experiencias, pequeñas y grandes, que la imaginación propone, debe ser lógicamente controlada por muchos investigadores; pero el hecho de su transporte por cables conductores nos permitirá comprobar si algún aparato de medición la marca, y en caso negativo con un poco de ingenio y muchas pruebas esperamos tener un medidor.
Por lo pronto con un miliamperímetro en conexión por cables con canillas y con personas no acusó electricidad.
Debe trasladarse la captación de esas fuerzas del agua corriente y del pequeño oleaje, al estudio de grandes ríos y a las olas del mar.

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